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Edad biológica: qué es y cómo calcularla

Rubén Megía González

De pequeños queremos ser mayores, mientras que, llegados a una edad, casi nos sonrojamos cada vez que nos dicen que aparentamos menos años. Unos lo esconden en las primeras citas y otros lo cantan a los cuatro vientos cada vez que tienen la oportunidad.

Al contrario que el resto de organismos de la Tierra, a los humanos nos gusta contar los años que pasamos vivos, sumando anualmente una cifra a ese constructo abstracto que llamamos “edad”. Pero, ¿y si os dijera que vuestra verdadera edad no es realmente la que indica vuestro documento de identidad? Y más aún, ¿y si os dijese que no todos los tejidos de vuestro cuerpo tienen la misma edad?

 

Edad biológica vs. edad cronológica

Los años pasan. Eso es un hecho. El tiempo pasa igual para nuestras moléculas que para las de una mesa de escritorio, las de un pez o las de un bocata de chorizo. El tiempo que pasa desde la creación o nacimiento de algo hasta que deja de existir es lo que se conoce como “edad cronológica” y depende únicamente de un concepto físico: el tiempo.

Por otro lado, coincidiréis conmigo en que el tiempo no afecta a todos los humanos de igual modo (por no hablar de los bocadillos de chorizo). Unos envejecemos más rápido que otros, se nos notan antes las arrugas o desarrollamos demencias u otras enfermedades asociadas al envejecimiento en diferentes tiempos. Aquí es importante definir el concepto de “edad biológica”, que no mide el tiempo que ha pasado desde nuestro nacimiento, sino lo envejecidos que estamos molecularmente frente a un modelo estandarizado. Esta medida depende de diferentes factores, tanto genéticos como ambientales.

 
 

Un humano, diferentes edades

Ahora que sabéis que vuestra edad funcional no es la edad cronológica, sino la edad biológica (a excepción de en temas legales o cuando te piden el DNI para entrar en un garito), os contaré otro aspecto interesante: la edad biológica de cada zona de vuestro organismo es diferente. Así es, tu cerebro puede ser más joven que tu pierna derecha o que tu hígado.

Como comentaba anteriormente, cada persona envejece a su manera y, de igual modo, dos órganos con funciones diferentes y con una expresión génica distinta pueden envejecer de manera divergente.

 
 

¿Por qué interesa conocer la edad biológica?

La edad biológica es, en esencia, la edad funcional de cada célula de un organismo. Conocer este factor es muy importante en la prevención de diferentes enfermedades asociadas al envejecimiento, como la demencia, el Alzhéimer o la diabetes. Determinando la edad biológica, podemos saber cuán susceptible es una persona a estas enfermedades y aconsejarle ciertos hábitos para poder frenar de alguna manera este envejecimiento.

Otra aplicación importante es la utilización de la edad biológica como estimación de la edad cronológica o el estado de salud de una persona en el ámbito de la genética forense. Los diferentes métodos de estimación de la edad biológica pueden ayudar a identificar el origen de las muestras biológicas de la escena de un crimen.

 
 

¿Cómo calcular la edad biológica?

En los últimos años se han descrito diferentes formas de estimar la edad biológica de una muestra. Uno de los biomarcadores más conocidos es la longitud de los telómeros, unas estructuras terminales de nuestros cromosomas que se acortan con mayor o menor rapidez durante el envejecimiento.

Otros biomarcadores utilizados son la metilación o la expresión de ciertos genes asociados al envejecimiento. Gracias a estos biomarcadores, se ha podido establecer, en casos concretos, un perfil epigenético para poder determinar la edad biológica de diferentes tejidos en contraste con un modelo estandarizado.

Cada uno de los métodos para estimar la edad biológica tiene sus ventajas y desventajas, por lo que todavía es necesario continuar investigando nuevos biomarcadores que ayuden a estimar de una forma más precisa la edad funcional de nuestros tejidos. Sin embargo, eso no quita que la estimación de la edad biológica sea un método interesante de cara a la investigación, prevención y monitorización de enfermedades asociadas al envejecimiento.

 

 

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