Blog

Síndrome de Kleefstra: diagnóstico genético y acompañamiento desde la infancia

El desarrollo de un niño es un proceso fascinante. Desde los primeros meses de vida, cada pequeño avance —sostener la cabeza, sentarse, dar los primeros pasos— forma parte de una evolución coordinada. En el síndrome de Kleefstra, sin embargo, ese ritmo puede verse alterado desde etapas muy tempranas.

En algunos casos, detrás de un retraso en el desarrollo infantil, puede encontrarse una causa genética. Sin embargo, en este ámbito, la cuestión va más allá de la presencia de un gen concreto, la clave está en cómo se regula su funcionamiento. 

El síndrome de Kleefstra, se trata de una enfermedad poco frecuente que afecta principalmente al neurodesarrollo y que suele detectarse a partir de esas primeras señales. Comprender qué ocurre a nivel genético ayuda a dar sentido a los síntomas y a orientar el acompañamiento médico desde etapas tempranas.

 

¿En qué consiste el síndrome de Kleefstra?

El síndrome de Kleefstra fue descrito por primera vez en 2006 por la genetista clínica neerlandesa Tjitske Kleefstra. Identificó un patrón común en varios pacientes con discapacidad intelectual y rasgos faciales característicos. 

Se trata de un trastorno genético del neurodesarrollo. En la mayoría de los casos, está causado por una microdeleción recurrente en la región 9q34.3 del cromosoma 9 o por variantes patogénicas en el gen EHMT1.

La mayoría de las personas con síndrome de Kleefstra presentan mutaciones de novo. Eso significa que aparecen por primera vez en el paciente y no están presentes en los progenitores. No obstante, a partir de su aparición sí serán hereditarias. Además se han descrito casos debidos al mosaicismo en los progenitores, en los que las alteraciones genéticas están presentes solo en una parte de sus células y pueden pasar desapercibidas. Por ello, se recomienda realizar un estudio genético a los progenitores para descartar mosaicismo o alteraciones heredadas.

Se considera una enfermedad rara ya que tiene una prevalencia estimada inferior a 1 por cada 100.000 personas. Aun así, se estima que puede estar infradiagnosticada debido a su elevada variabilidad clínica. 

 

EHMT1 y epigenética: ¿por qué es tan importante en el síndrome de Kleefstra?

El gen EHMT1 desempeña un papel fundamental en la regulación de la expresión génica. Participa en los mecanismos que controlan la activación y desactivación de otros genes durante el desarrollo embrionario, especialmente en el cerebro.  

Para poder realizar esta función, el gen EHMT1 produce una proteína que actúa como una enzima capaz de modificar las histonas, unas proteínas alrededor de las cuales se enrolla el ADN. Estas modificaciones influyen en cómo se organiza el ADN y, por tanto, en qué genes se activan y cuáles permanecen silenciados. 

El síndrome de Kleefstra esta causado por la mutación en un gen que afecta a la organización del ADN
La proteína EHMT1 participa en la organización y regulación del ADN. En la imagen se muestra el primer nivel de compactación del ADN. Imagen: Canva.

Este tipo de regulación forma parte de lo que conocemos como epigenética. No modifica la secuencia del ADN, pero sí influye en cómo se utiliza esa información. Es decir, ayuda a decidir qué genes deben activarse y en qué momento. 

Durante el desarrollo del sistema nervioso, este equilibrio es muy importante. Cuando el gen EHMT1 no funciona correctamente, la regulación de otros genes se altera y, como consecuencia, la maduración del sistema nervioso puede verse afectada. 

Esto explica por qué las manifestaciones del síndrome de Kleefstra se relacionan principalmente con el desarrollo cognitivo, del lenguaje y el comportamiento. 

 

Manifestaciones clínicas del síndrome de Kleefstra: más allá del retraso del desarrollo

El síndrome de Kleefstra presenta una gran variabilidad. No todas las personas afectadas manifiestan los mismos síntomas ni con la misma intensidad. 

Aun así, existen una serie de manifestaciones más frecuentes que pueden orientar a un diagnóstico:

Desarrollo y aprendizaje

  • Retraso global del desarrollo
  • Discapacidad intelectual variable
  • Retraso en el lenguaje 
  • Hipotonía en la infancia

Rasgos físicos característicos

  • Rasgos faciales distintivos (cejas arqueadas, puente nasal ancho, labios evertidos)
  • Microcefalia relativa en algunos casos
  • Manos pequeñas

Conducta y salud mental

  • Trastornos del espectro autista
  • Problemas de conducta
  • Trastornos del sueño
  • Ansiedad o alteraciones del estado de ánimo en la adolescencia o edad adulta

Otras posibles complicaciones

  • Cardiopatías congénitas
  • Alteraciones renales o urogenitales
  • Epilepsia en algunos pacientes

Es importante tener en cuenta que muchas de estas manifestaciones no son exclusivas del síndrome de Kleefstra. Por ello, el estudio genético es fundamental para confirmar el diagnóstico y desarrollar un tratamiento adecuado.  

 

El diagnóstico genético como herramienta clave

El proceso diagnóstico suele iniciarse ante la presencia de retraso del desarrollo acompañado de rasgos físicos característicos o alteraciones conductuales. 

Cuando existe sospecha clínica, las principales pruebas a nivel genético que pueden realizarse son:

  • Array-CGH o estudio de microdeleciones, para detectar pérdidas en la región 9q34.3.
  • Secuenciación del gen EHMT1, cuando no se identifica deleción cromosómica.

Una vez confirmada una alteración a nivel molecular, esto permite: 

  • Poner fin a la llamada “odisea diagnóstica”
  • Descartar otros trastornos del neurodesarrollo
  • Establecer un seguimiento clínico correcto y adaptado al paciente
  • Ofrecer asesoramiento genético a la familia para poder prevenir nuevos casos

En la mayoría de los casos, el riesgo de recurrencia es bajo debido al origen esporádico de la alteración. No obstante, cada caso debe valorarse individualmente.

 

Abordaje y seguimiento: la importancia del enfoque multidisciplinar

Hoy en día no existe una cura específica para el síndrome de Kleefstra. Al tratarse de una enfermedad de origen genético que afecta a múltiples genes durante el desarrollo, el tratamiento se centra en el manejo de los síntomas y en la estimulación precoz.

El seguimiento de los pacientes debe adaptarse a cada uno, ya que la expresión clínica es muy variable. Aun así, los principales abordajes utilizados son: 

  • Atención temprana y estimulación cognitiva
  • Logopedia
  • Fisioterapia en casos de hipotonía
  • Seguimiento neurológico
  • Evaluación cardiológica y renal inicial
  • Apoyo psicológico y educativo

La detección precoz y la intervención temprana son pilares fundamentales. Ambas pueden mejorar significativamente la calidad de vida. 

 

Vivir con síndrome de Kleefstra

Recibir el diagnóstico de una enfermedad que afecta en el desarrollo de un hijo puede generar preocupación. Sin embargo, conocer el origen de eso, también supone una herramienta poderosa, ya que permite comprender las dificultades y poder planificar el apoyo necesario. 

Gracias a los estudios genéticos y a los avances científicos, hoy conocemos mejor la enfermedad y su evolución. Esto ha permitido que muchas personas desarrollen habilidades comunicativas, establezcan vínculos afectivos sólidos y participen activamente en su entorno.  

En este tipo de enfermedades, y más al tratarse de niños, el acompañamiento médico, educativo y familiar es fundamental. Como en otras enfermedades de origen genético, el asesoramiento genético permite resolver dudas sobre futuros embarazos y ofrecer información clara basada en evidencias.

Por eso, entender la base genética no cambia el diagnóstico, pero sí transforma la forma de afrontarlo.

 

Bibliografía

https://www.orpha.net/en/disease/detail/261494

https://www.omim.org/entry/610253

https://www.ncbi.nlm.nih.gov/books/NBK47079

https://medlineplus.gov/genetics/condition/kleefstra-syndrome



Comparte esta noticia en tus redes

Contacto

¿Quieres publicar con nosotros? ¿Tienes dudas?
Contacta con nosotros de la manera que prefieras y te responderemos a la mayor brevedad.

Scroll al inicio