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Comprender la complejidad del cáncer para avanzar en la oncología de precisión

Casi 3 de cada cuatro pacientes con cáncer presenta alteraciones genéticas «accionables» para el tratamiento, pero apenas el 8% llega a recibir una terapia dirigida.  Avanzar en oncología de precisión pasa por comprender el cáncer más allá de las mutaciones e integrar distintos niveles de información biológica.

Durante décadas, el cáncer se ha abordado como un conjunto de enfermedades definidas por alteraciones genéticas concretas capaces de activar el crecimiento celular descontrolado. Este planteamiento ha permitido identificar genes importantes y desarrollar terapias dirigidas que, en determinados contextos clínicos, han cambiado el pronóstico de algunos tumores. Por ejemplo, la incorporación de fármacos frente a alteraciones en los genes EGFR, HER2 o BRAF marcó el inicio de una etapa en la que la información genética se utilizaba para orientar decisiones terapéuticas más allá de la histología.  Y poco a poco fue sentando las bases de la actual oncología de precisión.

Sin embargo, la incorporación de la genómica a la oncología clínica no ha sido tan directa como se esperaba. A pesar de la disponibilidad de tecnología avanzada, la traducción del conocimiento molecular en decisiones terapéuticas efectivas sigue siendo limitada en muchos pacientes.

La oncología de precisión aborda el diagnóstico y tratamiento del cáncer a partir de las características del tumor y del paciente
La oncología de precisión aborda el diagnóstico y tratamiento del cáncer a partir de las características del tumor y del paciente. Imagen: Adobe Express.

El potencial de la genómica en oncología y su implantación en la práctica clínica real

La distancia entre el potencial de la genómica y su aplicación clínica real queda reflejada en un estudio reciente basado en el registro japonés C-CAT con datos de 54.000 pacientes con tumores sólidos avanzados a los que se realizó un perfil genómico completo. Los investigadores observaron que cerca del 73% de los tumores presentaban al menos una alteración potencialmente accionable desde el punto de vista terapéutico. Sin embargo, solo alrededor del 8% de los pacientes llegó a recibir un tratamiento realmente guiado por los resultados genéticos.

El impacto, además, no fue homogéneo entre los distintos tipos de cáncer. En tumores como el de pulmón o el de tiroides, el acceso a terapias dirigidas superó el 20%. En cambio, en cánceres de hígado o páncreas, esta cifra se situó por debajo del 2%.

Las razones que explican esta brecha entre la identificación de alteraciones genómicas y su aplicación clínica efectiva son múltiples y operan en diferentes niveles. Una parte de ellas responde a limitaciones logísticas y organizativas del propio sistema asistencial. A pesar de los avances tecnológicos, los tiempos necesarios para obtener, analizar e interpretar los resultados del perfilado genómico siguen siendo considerables en muchos contextos clínicos, lo que dificulta su utilización en tiempo real. A esto se suma la disponibilidad limitada de fármacos aprobados para determinadas alteraciones. 

En paralelo a las cuestiones logísticas o de estructura, existen otras limitaciones relacionadas con la misma biología del cáncer. Por ejemplo, la relevancia clínica de un biomarcador puede variar en función del contexto molecular en el que aparece o del historial terapéutico previo del paciente. Además, los tumores evolucionan bajo la presión del tratamiento, generando cambios clonales que pueden hacer que una alteración deje de ser dominante o clínicamente relevante en fases posteriores de la enfermedad. Esto explica, en parte, por qué la identificación de una diana molecular no garantiza un beneficio clínico sostenido. 

Estas últimas limitaciones, más centrales a la aparición y desarrollo del cáncer, refuerzan la idea de que avanzar en el estudio de la complejidad biológica y evolutiva de esta enfermedad es un aspecto esencial para mejorar su diagnóstico y tratamiento.

Cómo ha cambiado la forma de ver el cáncer: del dogma genético a la complejidad sistémica

Hace 26 años, Douglas Hanahan y Robert Weinberg propusieron unas características distintivas del cáncer, un marco lógico que simplificaba la complejidad de la enfermedad en seis capacidades adquiridas.  Este modelo tuvo un impacto profundo en la investigación oncológica y en el desarrollo de nuevas estrategias terapéuticas. Desde entonces, el conocimiento sobre la biología del cáncer ha avanzado de forma significativa y ese marco se ha ido ampliando. 

Así, en su última revisión, Hanahan describe el cáncer como un proceso mucho más complejo, en el que las mutaciones genéticas siguen siendo importantes, pero no actúan de forma aislada. El comportamiento tumoral depende también de la interacción con el microambiente que rodea al tumor y con distintos sistemas del organismo, como el sistema nervioso o el microbioma. 

Esta visión ampliada del cáncer integra además factores sistémicos que influyen en el desarrollo y la progresión de la enfermedad. Aspectos como el envejecimiento, la inflamación crónica, la obesidad o determinadas condiciones metabólicas pueden modular el crecimiento tumoral y la respuesta a los tratamientos. Y a esto se suma la exposición a factores ambientales, como el tabaco o la polución, que contribuyen a moldear tanto el riesgo de desarrollar cáncer como su evolución clínica.

Esta forma de entender la enfermedad tiene implicaciones directas en cómo se diseñan las estrategias diagnósticas y terapéuticas actuales. Y también ayuda a explicar por qué las estrategias basadas en una única diana molecular no siempre ofrecen los resultados esperados.

Integrar la complejidad biológica como siguiente paso hacia la oncología de precisión

Con la evolución del concepto de cáncer, la genómica sigue siendo una herramienta fundamental cuyo valor aumenta cuando se interpreta dentro de un contexto biológico más amplio. 

Con esta perspectiva, la oncología de precisión avanza hacia modelos que integran diferentes capas de información. A los datos genómicos se suman cada vez más análisis transcriptómicos, epigenéticos y proteómicos, información sobre el microambiente tumoral, la respuesta inmunitaria o la historia evolutiva del tumor bajo la presión de los tratamientos. Esta aproximación permite comprender mejor por qué determinados tumores responden inicialmente a una terapia y por qué otros desarrollan resistencias de forma temprana.

Finalmente, no hay que olvidar que una parte relevante de las limitaciones para ofrecer opciones diagnósticas y terapéuticas a los pacientes responde a factores logísticos y estructurales. En este sentido, los sistemas sanitarios necesitarán adaptarse para poder incorporar de forma efectiva los avances de la oncología de precisión a la práctica clínica.

Artículos científicos

Saito Y, et al. Real-world clinical utility of comprehensive genomic profiling in advanced solid tumors. Nat Med. 2026 Jan 6. DOI: 10.1038/s41591-025-04086-8 

Hanahan D. Hallmarks of cancer-Then and now, and beyond. Cell. 2026 Jan 29:S0092-8674(25)01498-9. DOI: 10.1016/j.cell.2025.12.049

Hanahan D, Weinberg RA. The hallmarks of cancer. Cell. 2000 Jan 7;100(1):57-70. DOI: https://doi.org/10.1016/s0092-8674(00)81683-9 

Experto en Oncogenética

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