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María José Calasanz: “Nuestra filosofía es el uso racional de las técnicas genéticas y el beneficio para el paciente en términos de diagnóstico, pronóstico o actitud terapéutica”

Lucía Márquez Martínez

María José Calasanz (Pamplona, 1959) es catedrática de Genética, codirectora científica de CIMALAB Diagnostics y una apasionada de la ciencia en todas sus vertientes. Abanderada de la colaboración y el intercambio de experiencias entre distintos grupos de investigación, Calasanz dirige la Unidad de Diagnóstico Genético Hematológico de la Universidad de Navarra. Además, da rienda suelta a su lado artístico gracias a 23pares, un proyecto solidario que busca divulgar la ciencia a través del dibujo.

Usted lideró la creación y gestión del Servicio de Diagnóstico Genético Oncohematológico en la Universidad de Navarra en 1988, ¿cómo ha evolucionado el trabajo de esta unidad desde entonces?

Efectivamente, en 1988 el Departamento de Genética de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Navarra apostó por la creación de un Servicio de Análisis Genéticos (SAG) donde se realizaran rutinariamente informes citogenéticos y moleculares a pacientes con leucemias o linfomas remitidos por más de 30 centros hospitalarios públicos y privados de España. Desde el principio valoré como fundamental el hecho de que el diagnóstico genético fuera integral y que las distintas técnicas se llevaran a cabo en el mismo laboratorio. Esto evita la redundancia de los procedimientos y, por tanto, favorece un uso racional de los mismos. Nuestra filosofía de trabajo es diagnosticar a los pacientes correctamente utilizando el mínimo número posible de técnicas.

Esta unidad es dinámica y ha ido implementando técnicas y marcadores adaptándose al avance en el conocimiento y a las necesidades cambiantes de la rutina diagnóstica en neoplasias hematológicas. El recorrido hasta hoy ha sido increíble: al principio solamente hacíamos cariotipos de bandas, pero luego vivimos la incorporación a la rutina de las técnicas de hibridación in situ (FISH) y del análisis molecular (PCR, análisis de mutaciones). Aprendimos cómo integrarlas para ofrecer el mejor diagnóstico. Además, nos encontramos constantemente con la necesidad de implementar nuevos marcadores genéticos. A la hora de decidir si los introducimos o no, seguimos un criterio simple y muy realista: lo primordial es que suponga un beneficio para el paciente en términos de diagnóstico, pronóstico o actitud terapéutica.

Con esta estructura, el SAG cumplió en septiembre de 2013 los 25 años de actividad. Hasta ese momento se habían realizado 55.000 informes genéticos de pacientes con leucemias.

Hace un año se puso en marcha el CIMA LAB Diagnostics, ¿qué balance hace de estos primeros meses de existencia?

Esta iniciativa surgió de la voluntad de conseguir una mayor integración de servicios por parte de la Universidad. Así, en una sola estructura de gestión se aglutinan tres unidades: el diagnóstico genético de neoplasias hematológicas, el de tumores sólidos y patología constitucional y el diagnóstico inmunofenótipico.

El balance de este primer año ha sido muy positivo. Se han optimizado recursos -tanto a nivel de herramientas como de pruebas realizadas- y se ha potenciado la interacción entre equipos multidisciplinares. Además, también ha servido para fomentar la participación en ensayos clínicos y proyectos de investigación.

Por otra parte, durante estos primeros meses se ha elaborado un amplio catálogo de pruebas y servicios de las tres unidades con el fin de potenciar la externalización no solamente a nivel nacional sino internacional.

¿Qué avances se han producido a nivel tecnológico en el mundo de la investigación genética?

En plena era de la medicina personalizada, la medicina de precisión, estamos asistiendo a avances sin precedentes en el área del diagnóstico genómico: técnicas de secuenciación masiva (NGS), biopsia líquida, epigenética… Todo ello nos ha llevado a plantearnos un nuevo reto: implementar las técnicas de diagnóstico genómico en la rutina diagnóstica.

En concreto, dentro de CIMALAB estamos desarrollando una nueva unidad de diagnóstico genómico para favorecer la inclusión de estas nuevas tecnologías. Somos conscientes de que esto requerirá de mucha colaboración entre los especialistas en nuestro país en cuestiones como la estandarización de las técnicas, la formación de los profesionales o la acreditación de los procedimientos. Los clínicos, los anatomopatólogos y los genetistas tenemos que trabajar más coordinados que nunca hasta que estas nuevas tecnologías se estabilicen y esté claro su beneficio para los pacientes.

¿Qué beneficios presenta la utilización de biomarcadores en la detección y seguimiento de procesos neoplásicos?

En enfermedades hematológicas, como leucemias o linfomas, el análisis genético constituye una herramienta fundamental no sólo a nivel diagnóstico, ya que son patologías que presentan marcadores genéticos específicos, sino también a nivel pronóstico, lo que permite estratificar a los pacientes en grupos de riesgo y adaptar el tratamiento según ese nivel. Además, existen terapias determinadas que se dirigen contra una diana genética concreta, por lo que un análisis previo de los pacientes permitiría discernir cuáles son susceptibles de beneficiarse de ellas. De esta forma, esos individuos no se verían obligados a recibir tratamientos convencionales de quimioterapia o radioterapia.

Por otra parte, existen algunos tumores sólidos (como los de pulmón o colon), que no deben tratarse sin la correspondiente prueba genética, ya que la existencia de determinados marcadores predice en ese paciente la respuesta a un tratamiento concreto. De este modo, se personaliza el tratamiento antitumoral aumentando las posibilidades de éxito en los pacientes que expresan esos marcadores genéticos y evitando, a su vez, los costes y toxicidades innecesarios en los pacientes negativos para dichos marcadores. Este es un objetivo fundamental de la farmacogenética: ofrecer el fármaco adecuado al paciente, que va a responder favorablemente a ese tratamiento según sus características genéticas o las de su tumor.

El diagnóstico genético es importante también en los procesos neoplásicos de carácter hereditario. Hablamos de algunos tipos de cáncer, como el de colon o el de mama, en los que tener la mutación se traduce en que toda una familia puede presentar riesgo de desarrollar esa misma patología. El diagnóstico genético permite identificar a los individuos positivos y a los negativos a esa alteración genética dentro del núcleo familiar. De este modo, para los positivos se puede realizar un seguimiento preventivo planteando medidas de reducción del riesgo, como cirugías profilácticas, y a los negativos se les evita que se sometan a pruebas innecesarias y, a menudo, de elevado coste.

Los cánceres hematológicos tienen características especiales que los diferencian de los sólidos. ¿Qué ventajas o desventajas presentan para su diagnóstico genético? ¿Y para su tratamiento?

El diagnóstico citogenético de las neoplasias hematológicas lleva utilizándose rutinariamente desde la década de los 70, pero su uso es más complicado en el caso de los tumores sólidos. De hecho, en estos últimos las técnicas que se utilizan son fundamentalmente el FISH en material parafinado y las técnicas de biología molecular para la detección de mutaciones.

En leucemias y linfomas, el resultado de un informe genético ayuda al clínico a tres niveles: diagnóstico, pronóstico y selección de tratamiento. Por ejemplo la presencia del reordenamiento BCR/ABL se asocia con el fármaco Imatinib. En el caso de los tumores sólidos, el investigador está más restringido a la selección de tratamiento. Por ejemplo, si se detecta la mutación de BRAF V600E en pacientes con melanoma, el fármaco asociado es Vemurafenib.

Usted es una firme defensora de la colaboración entre distintos grupos científicos tanto a nivel nacional como internacional. ¿Qué ventajas tiene para la investigación el establecimiento de estas sinergias?

La ciencia es multidisciplinar y sólo colaborando podremos avanzar. En mi opinión, el modelo de trabajo de equipos aislados ya no funciona. Desde el comienzo he potenciado en mi equipo el sentimiento de que compartir experiencias y sumar conocimientos es la única manera de trabajar. No siempre es fácil, pero considero que tendríamos que hacer un esfuerzo para lograr grupos de colaboración estables y optar por proyectos de investigación coordinados.

Hace unos años presentó una herramienta bioestadística dirigida tanto a estudiantes como a investigadores, ¿qué resultados ha tenido esta aplicación en el trabajo diario de quienes la usan?

La herramienta UNSTAT es un programa que permite realizar análisis estadísticos de forma muy sencilla. Al principio se pensó como una ayuda para alumnos de Grado, pero pronto fue solicitado por personal de investigación. Ahora también es utilizado en otras universidades y centros de investigación y está siendo validado con SPSS.

Como directora creativa del proyecto de ilustraciones cromosómicas 23pares, ¿de qué forma cree que el arte y el diseño pueden ayudar a divulgar la ciencia y hacerla más atractiva para el gran público?

La ciencia debe estar en la sociedad y hay muchas maneras de divulgarla, hacerlo a través del arte es una forma más y predispone a las personas a prestar atención a lo que en principio creen que es algo bastante difícil de entender.

Apoyo y participo en todas aquellas actividades que acercan la ciencia a través de la creación artística: pintura, dibujo, diseño, fotografía… Me gustan especialmente las que se dirigen a los niños, pues creo que es bueno inculcar el conocimiento científico desde la infancia.

Los productos de merchandising que crean para congresos, fundaciones o asociaciones tienen siempre un punto divertido y alegre. ¿Por qué optaron por este estilo de dibujo?

Me gusta la genética, me gusta dibujar y me gusta mantener el contacto con los colegas. El personaje de un cromosoma con ojos, boca y brazos surgió de aunar estas tres aficiones. Quise ver a los cromosomas como algo distinto a su relación con las enfermedades oncológicas y comencé a hacer estas ilustraciones. Al principio fueron sólo para felicitar las navidades a mis compañeros genetistas, pero luego nació el compromiso de crear 23pares (www.23pares.com), y participar en proyectos solidarios, sobre todo para niños con cáncer. Está siendo una experiencia apasionante.

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