Desde hace años se sabía que los ratones que carecen del gen Trpv2 nacen pequeños y que muchos mueren poco después del parto. Lo que nadie había conseguido explicar era por qué. TRPV2 es un gen que codifica un canal que deja pasar calcio al interior de las células. Anteriormente este gen se había estudiado en el cerebro, el sistema inmunitario y el corazón, pero ninguna de esas funciones explicaba lo que les ocurría a estos ratones La respuesta estaba en la placenta.
Así lo revela un estudio liderado por la Dra. Katrien De Clercq, de la Universidad Católica de Lovaina (KU Leuven, Bélgica), y publicado en la revista Nature Communications. En él hemos participado también desde España el Dr. Vicente Pérez-García, del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa (CBM), y el Dr. Jorge López-Tello, del Instituto de Investigaciones Biomédicas Sols-Morreale (IIBM), ambos centros mixtos del CSIC y la Universidad Autónoma de Madrid.
El trabajo parte de un hallazgo previo del grupo de Lovaina: TRPV2 es el canal TRP más abundante en la placenta de ratón y se concentra en el laberinto, la región donde se produce el intercambio de nutrientes y oxígeno entre madre y feto. De hecho, su expresión en la placenta es al menos cinco veces mayor que la media del resto de tejidos.

Un órgano del que depende todo
Durante el embarazo, casi toda la atención se la llevan el futuro bebé o la madre. Pero hay otro órgano que trabaja sin descanso y del que se habla mucho menos: la placenta. Es temporal, se forma en poco tiempo y, tras el parto, se desecha casi sin mirarla.
De hecho, seguramente usted sepa cuánto pesó su bebé al nacer, pero no cuánto pesaba su placenta. Aun así, de ella depende casi todo. Aporta oxígeno y nutrientes, retira los desechos, fabrica hormonas y protege al feto. También impide que el sistema inmunitario de la madre ataque a un organismo que, en parte, le es genéticamente ajeno. Y lo hace manteniendo separadas dos circulaciones sanguíneas que, sin embargo, intercambian todo lo necesario.
Cuando algo falla, las consecuencias se notan: hasta un 10 % de los recién nacidos sufre restricción del crecimiento fetal, y una placenta que no funciona bien es una de sus principales causas. Y, sin embargo, sabemos sorprendentemente poco sobre los genes que dirigen su desarrollo y funcionamiento.
Sin el gen TRPV2, la placenta falla
En nuestros ratones apenas nacían crías sin Trpv2, cuando lo esperable era que lo hiciera una de cada cuatro. Los fetos sobrevivían durante la mayor parte de la gestación, pero crecían cada vez menos y casi todos acababan siendo mucho más pequeños de lo normal. Las pocas crías que llegaban a nacer no sobrevivían.
Al examinar sus placentas encontramos algo llamativo. Al final de la gestación, el laberinto era más pequeño y presentaba zonas sin vasos sanguíneos fetales. Es decir, zonas donde el intercambio entre madre y feto simplemente no puede producirse.
Para saber dónde actúa TRPV2, eliminamos el gen en todos los tejidos del embrión, pero lo mantuvimos intacto en el trofoblasto, las células que forman la placenta. Bastó con conservar TRPV2 en la placenta para que las crías nacieran en la proporción esperada, con un peso normal, y crecieran con normalidad. En cambio, eliminarlo solo en la zona de unión, la región de la placenta especializada en producir hormonas, no tenía ningún efecto. El problema estaba, por tanto, en el laberinto. El embrión no fallaba. Fallaba su entorno.
Una pieza clave de la barrera de intercambio
En el laberinto del ratón, la sangre de la madre y la del feto están separadas por varias capas de células. Una de ellas, el sincitiotrofoblasto de tipo II (SynTII), se forma por la fusión de muchas células en una sola y envuelve los capilares del feto. Las zonas sin vasos de las placentas sin TRPV2 carecían precisamente de estas células, y la capa vecina (SynTI) no llegaba a fusionarse correctamente.
TRPV2 aparece ya en los precursores de SynTII, antes de que maduren. Cuando eliminamos el gen mediante la técnica de edición genética CRISPR/Cas9 en células madre de trofoblasto de ratón, estas seguían renovándose con normalidad, pero no lograban activar de forma eficiente el programa genético que las convierte en SynTII, incluido Gcm1, el principal regulador de este tipo celular.
Por último, eliminamos Trpv2 solo en las células SynTII. Aunque el feto conservaba intacto su propio gen, aparecían las mismas zonas sin vasos en la placenta y las crías nacían con un 27 % menos de peso.
¿Ocurre lo mismo en humanos?
Todavía no lo sabemos, pero hay pistas. En la placenta humana, TRPV2 es funcional en las células de trofoblasto y su expresión aumenta cuando estas se fusionan para formar el sincitiotrofoblasto, la capa en contacto directo con la sangre materna. Además, las células con TRPV2 presentan niveles de calcio más altos en reposo, algo necesario para que la fusión se produzca. También observamos menos TRPV2 en algunas placentas de embarazos con restricción del crecimiento fetal de inicio temprano, sobre todo en los que terminaron en parto prematuro, aunque el número de casos es pequeño y estos datos no permiten todavía establecer una relación de causa-efecto.
Quedan preguntas abiertas, como por qué las células SynTII dependen tanto de este canal cuando también está presente en otros tipos celulares de la placenta. Pero el hallazgo explica por fin un fenómeno observado desde hace años en ratones, y más recientemente en ratas, que carecen de TRPV2.
Un órgano que dura nueve meses puede condicionar una vida entera. Identificar los genes que lo sostienen, incluso los más inesperados, como un canal que conocíamos sobre todo como sensor, es un paso más para entender por qué algunos embarazos se complican, a veces hasta el punto de provocar la muerte del feto, y, algún día, para poder evitarlo.
Artículo científico
De Clercq K, Pérez-García V, Panda A, Gevaert S, Witvrouwen J, Van Mechelen P, López-Tello J, Maksym K, David AL, Van Den Broeck E, Luyten K, Segal A, Poovathingal S, Wojno M, Katanosaka Y, Vennekens R, Pasque V, Sferruzzi-Perri AN, Voets T, Vriens J. Placental TRPV2 supports trophoblast function and normal fetal development. Nat Commun. 2026. doi: https://doi.org/10.1038/s41467-026-77576-z
Katrien De Clercq1,2, Vicente Pérez-García3, Jorge López-Tello4,5
Departamento de Fisiología, Facultad de Medicina, Universidad Autónoma de Madrid, Madrid, España
Implantation, Placentation, Pregnancy & endometriosis (POPPYe) Research Group, Department of Development and Regeneration, KU Leuven, Leuven, Belgium
Laboratory of Ion Channel Research, Department of Cellular and Molecular Medicine, KU Leuven; VIB Centre for Brain & Disease Research, Leuven, Belgium
Centro de Biología Molecular Severo Ochoa (CBM), CSIC-UAM, Madrid, España
Instituto de Investigaciones Biomédicas Sols-Morreale (IIBM), CSIC-UAM, Madrid, España

