La empresa 23andMe ha iniciado un proceso de bancarrota para facilitar la venta de su negocio, generando incertidumbre sobre el destino de los datos genéticos de 15 millones de usuarios.
La empresa estadounidense 23andMe, ampliamente conocida por popularizar las pruebas genéticas directas al consumidor, ha iniciado un proceso de bancarrota voluntaria con la intención de facilitar la venta de su negocio. Aunque la compañía asegura que continuará operando con normalidad durante el proceso, el anuncio ha provocado una oleada de preocupación entre sus usuarios, especialmente en relación con el manejo de sus datos genéticos.
Fundada en 2006, 23andMe marcó un antes y un después en cuanto a las pruebas genéticas directas al consumidor, que analizan el ADN de los usuarios y realizan predicciones sobre su salud o permiten estimar la ascendencia más probable, a partir de marcadores genéticos. En los últimos meses, sin embargo, la empresa ha entrado en declive. Entre otros factores, las ventas llevan un tiempo en descenso y en 2023 hubo una brecha de seguridad en los datos (aunque no afectó a la información genética de los usuarios). Tras reducir el personal y con cambios importantes en la junta directiva, como la salida de Anne Wojcicki, directora ejecutiva y fundadora de la empresa, el último paso de la empresa ha sido declararse en bancarrota.
23andMe: desde las pruebas genéticas a la investigación y desarrollo de terapias
23andMe fue fundada en el año 2006 por Anne Wojcicki, Linda Avey y Paul Cusenza. Su objetivo inicial era que la información genética fuera accesible al consumidor, sin necesidad de intermediarios médicos. El producto principal de 23andMe consistía en una prueba de ADN que permitía a los usuarios recibir información sobre ciertas características genéticas tras enviar una muestra de saliva. El nombre de la empresa hace referencia a los 23 pares de cromosomas que componen el genoma humano.
En 2013, tras recibir cartas de aviso de la FDA para paralizar la comercialización de pruebas genéticas relacionadas con la salud sin previa autorización 23andMe empezó a adaptar sus servicios. En 2015 relanzó su plataforma con las primeras pruebas genéticas de salud directas al consumidor con aval de la FDA. Desde entonces, ha ido ampliando su catálogo de informes genéticos autorizados, que incluyen condiciones como el Alzheimer, la enfermedad de Parkinson, el cáncer hereditario causado por mutaciones en BRCA1/2, así como información farmacogenética.
Con los años, además de los informes individuales, la empresa ofreció la opción de participar en investigaciones, lo que le permitió construir una de las bases de datos genómicos más grandes del mundo, utilizada tanto para estudios científicos como para colaboraciones con la industria farmacéutica. De hecho, 23andMe creó una división completa para la búsqueda de dianas y desarrollo de tratamientos de enfermedades a partir de sus datos. Hace apenas unos meses anunciaba el lanzamiento de un ensayo clínico en fase dos para un anticuerpo específico contra ciertos tipos de cáncer.

El descenso de 23andMe
En su mejor momento, 23andMe llegó a tener una valoración superior a los 6000 millones de dólares y una base de más de 15 millones de usuarios. No obstante, el carácter único del producto (el análisis de ADN solo necesita realizarse una vez por usuario, ya que la información genética no cambia) ha limitado las oportunidades de ingresos recurrentes.
Además, 23andMe ha tenido que hacer frente desde sus inicios a una cuestión controvertida: ofrecer informes de salud genética fuera de un entorno médico. El lema de la empresa de democratizar las pruebas genéticas haciéndolas accesibles a todos ha tenido siempre como gran reto que los usuarios comprendan los resultados genéticos obtenidos y las limitaciones inherentes a una prueba predictiva, no diagnóstica. En paralelo, la accesibilidad ha suscitado críticas sobre su fiabilidad y utilidad clínica, especialmente entre profesionales sanitarios.
Otros aspectos que han pesado a 23andMe son el cierre de la división de desarrollo de fármacos, la pérdida de interés del mercado, y un importante incidente de ciberseguridad en 2023 que afectó a millones de usuarios.
En los últimos meses, la situación se ha agravado con la dimisión de la mayoría del consejo de administración y el rechazo de la oferta de recompra por parte de su fundadora, Anne Wojcicki. Finalmente, el 23 de marzo de 2025 y ya sin Anne Wojcicki la empresa presentó su declaración de bancarrota y anunció que buscaría compradores para sus activos.
¿Qué pasará con los datos de los millones de usuarios de 23andMe?
Una de las principales preocupaciones tras el anuncio de 23andMe es el destino de los datos genéticos de sus varios millones de usuarios.
La empresa ha asegurado en un comunicado que cualquier comprador deberá respetar su política de privacidad y las leyes vigentes y que no habrá cambios en la forma en que se almacenan o gestionan los datos. Sin embargo, la incertidumbre persiste entre los usuarios y los expertos en privacidad, ante la posibilidad de que un nuevo propietario pudiera alterar los términos de uso o buscar rentabilizar el acceso a la información genética de los usuarios con fines comerciales. Esta preocupación ha llevado a que numerosos usuarios hayan comenzado a eliminar sus cuentas y datos de la plataforma, como medida preventiva y animen a otros usuarios a hacer lo mismo.
En este escenario, la crisis de 23andMe ha vuelto a poner en el foco un tema de vital importancia: la privacidad de los datos genéticos. El tamaño de la base de datos de la empresa, sumado a la sensibilidad inherente a la información genética, refuerza la posición de que la protección de estos datos va más allá de los protocolos técnicos y debe considerar aspectos éticos, legales y sociales.
El valor de los datos de 23andMe podría extenderse más allá de los datos de los usuarios. En 2018, un equipo de investigadores demostró que muchas personas de ascendencia europea en Estados Unidos —incluso aquellas no usuarias de pruebas genéticas directas al consumidor— pueden ser identificadas a partir de la información genética disponible.
“Demostramos que, con una base de datos que contenga al 5 % de la población de EE. UU., prácticamente cualquier persona en el país tendrá al menos un primo segundo dentro de ella”, ha comentado Yaniv Erlich, investigador principal del estudio, en redes sociales. “Por tanto, si se encuentra tu ADN en algún lugar, puede rastrearse comparándolo con la base de datos, identificando a tu primo segundo y, a partir de ahí, llegar a ti rápidamente”. El científico ha manifestado su preocupación en el contexto de 23andMe: “…están muy cerca del umbral del 5 %. Si estos datos cayeran en manos equivocadas (por ejemplo, adversarios del país), podrían facilitar una vigilancia genética a escala poblacional”.
Esta posible utilización de los datos genéticos subraya todavía más la necesidad de establecer procedimientos que protejan la privacidad genética de los individuos. En la actualidad no hay regulación específica para las empresas como 23and Me en muchos países.
Cómo borrar los datos genéticos de 23andMe…aunque no se puede del todo
23andMe permite a los usuarios solicitar la eliminación de sus datos y su cuenta. Para ello hay que iniciar sesión en su web y en el apartado “23andMe data” y seleccionar “View”. Una vez dentro de esta sección el usuario puede descargar los datos, si lo desea, así como seleccionar la opción de “Eliminar datos permanentemente” (Permanently delete data). A continuación se recibe un correo con la política de eliminación y un enlace para confirmar la solicitud. Una vez confirmada, se inicia el proceso de eliminación y se perderá el acceso a la cuenta de forma inmediata.
La eliminación de datos, sin embargo, no es completa. Aunque se elimine una cuenta, 23andMe y/o su laboratorio conservan parte de la información genética, fecha de nacimiento y sexo para cumplir con ciertas obligaciones legales. Además, se retienen ciertos datos asociados a la solicitud de eliminación, como el correo electrónico, el identificador de la solicitud y comunicaciones legales, durante un periodo limitado y según lo exijan las leyes. En principio al eliminar la cuenta, la empresa también destruye la muestra de ADN del usuario, en caso de que este hubiera decidido su almacenamiento.

El futuro incierto de 23andMe
En estos momentos, 23andMe busca un comprador que permita continuar con sus operaciones. Según declaraciones oficiales, el proceso de venta será supervisado por un tribunal y se priorizará la continuidad de la protección de los datos. Durante este tiempo la empresa seguirá operando normalmente y los usuarios podrán seguir accediendo a sus cuentas y servicios.
Mientras tanto, el valor de mercado de la empresa ha caído en picado, y las dudas sobre la continuidad de su modelo de negocio actual persisten.
La salida de Wojcicki y las recientes reducciones de personal apuntan a cambios importantes, aunque quizás no tan definitivos. En un comunicado en redes sociales la propia Wojcicki ha indicado que su dimisión tenía como objetivo poder participar en la compra de la empresa. “He dimitido como directora ejecutiva de la empresa para poder estar en la mejor posición para adquirirla como posible compradora independiente”, ha señalado Wojcicki.
El futuro de 23andMe depende ahora del interés que despierten sus activos para los posibles compradores. Y a largo plazo, dependerá de la confianza que logre mantener o recuperar entre sus usuarios y socios.
